Si los líderes de una empresa privada –una como alguna de las insignias que hicieron de Estados Unidos la gran nación que ha sido a través de los años– llegaran a un punto en el cual no pudieran pagar las cuentas, por falta de un acuerdo entre ellos mismos, seguramente serían despedidos por la junta directiva de la empresa, o por sus dueños o accionistas. No pasarían más de tres días para que se tomara una medida de emergencia para pagar los compromisos de la empresa y no dejar de ganar dinero. No se pensaría ni dos veces en poder llegar al extremo de afectar la economía de la empresa. Porque como dijo el ex presidente Bill Clinton en su momento: “Es la economía, estúpido”.

Lástima que en el gobierno de Estados Unidos la política ha secuestrado hasta a la economía del país de la prosperidad económica, ese en el cual los sueños de todos se hacían realidad, hasta hace poco. La política, y no la política responsable ni cuerda, sino una política loca, racista y fanática sin escrúpulos ni coherencia, ha tomado a algunos gobernantes. La misma que liderada por congresistas a los que aunque analistas, premios Nobel, estudiosos y expertos le provean información para darse cuenta que el país podría estar en un mejor rumbo, les provoca hacer lo que quieren y burlarse de sus jefes, los electores. Aprovechándose de que el gobierno de Estados Unidos es una noble democracia, y no una dictadura, y de que creen que los electores tienen memoria corta y todavía falta un tanto para las elecciones.

El Partido del Té con sus ideas extremistas de poca tolerancia hacia cualquier ser que ellos piensen diferente, ha tomado como rehén al Partido Republicano. Ya ni los más moderados saben cómo aproximarse a los electores para no hacerle daño a la base electoral del tea party. Y lo que es peor aún, han llegado a poner en tela de juicio leyes tan republicanas como el mismo Obamacare, que fue hecha con cláusulas republicanas, como por ejemplo tener que comprarle el seguro médico a empresas privadas que obtendrán su beneficio. Una ley copiada de un político republicano como Mitt Romney. Los demócratas en su mayoría habrían preferido un seguro público universal como el que existe en la mayoría de los países desarrollados

Pero no solo eso, es la economía, “estúpido”. Esa misma se está viendo afectada por un Congreso que no legisla, sino que quiere revocar, paralizar o no incrementar el techo de la deuda. Algo que con presidentes anteriores no tenía ni siquiera una discusión similar a la de hoy. El Fondo Monetario Internacional por medio de su presidente Christine Lagarde ha advertido de los estragos en la economía mundial a largo plazo.

Y para un país como Estados Unidos, que se venía recuperando de la gran crisis económica ocasionada por la pésima administración del ex presidente George W. Bush, debería ser impensable llegar a un extremo que el mismo Departamento del Tesoro ya ha dicho que pudiera ser peor que la Gran Depresión, y que además cae muy mal en esta época previa a la temporada de fiestas de fin de año, cuando la economía usualmente repunta. Ninguno de los dos partidos, en el pasado, habría pensado en protagonizar el circo que hoy parece el Congreso.

Senadores como Ted Cruz, un republicano al que de hispano solo le queda el nombre, deberían ser despedidos de inmediato. Por perder el tiempo payaseando en el Congreso. Y es que para la extrema derecha del Partido Republicano, legislar se ha convertido en decir cualquier cosa que pueda dejar mal al presidente Barack Obama, ese presidente que ellos creen acosa al país con ideologías que más bien han sido de centro. Cerramos la semana con la noticia de una mujer que se según las autoridades no estaba bien de la cabeza y que trató de cruzar una barricada frente a la Casa Blanca, y murió tras protagonizar una persecución como las de Hollywood. Han dicho que ella parecía que creía que el presidente Obama la acosaba. ¡Qué contraste! Y entonces se preguntaba un analista de la NBC si los veteranos del GOP pueden arreglar la crisis del cierre del gobierno. Imagínense, si en ese partido los jóvenes son los de las ideas extremas, entonces definitivamente a veces parece un país de locos.

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