Cada vez que veo las fotografías de la deplorable situación que vive el pueblo sirio se me apachurra el corazón. El grado de violación a los derechos humanos que experimenta ese país es demasiado alto. Duele ver las fotos de desconsuelo de muchas mujeres con sus hijos. Tengo sangre sirio-libanesa porque mi familia materna era de esa región pero no por eso, aunque influye, pienso que alguien tiene que hacer algo. Los países vecinos que acogen a refugiados y la comunidad internacional poco han logrado hasta ahora.

Bebés durmiendo dentro de cajitas de cartón que hacen de cuna, con pedazos de telas que simulan cobijas. Mujeres embarazadas que temen por las condiciones en que darán a luz a sus hijos. Niños con ropas rotas protegidos dentro de las faldas de madres con expresiones faciales que emanan terror. Familias enteras desplazadas. Adolescentes listas para ser entregadas al mejor postor con tal de que las saquen del país. En algunos casos vendidas por sus mismas familias. En otros peores, maltratadas por sus familias. Mujeres, la mayoría menores de 18 años, víctimas de violaciones por soldados sirios, calladas y con caras tapadas por la vergüenza, y el dolor psicológico. Las mismas caras que algunas se han tenido que tapar toda su vida por religión o convicción aunque no fueran maltratadas, pero que ahora impregnadas con el dolor por la muerte de un hijo, la pérdida de una hija, la violación, el maltrato o la pérdida de su esposo, rebosan de sufrimiento. Según denuncia la AFP, muchas adolescentes cuyos padres las entregan a extranjeros en matrimonio, creyendo que tendrán una mejor vida, son condenadas a la esclavitud sexual.

Ya ha pasado un buen tiempo de denuncias y revelaciones impresionantemente atroces con respecto a la infrahumana situación que viven los sirios bajo el régimen de Bashar al-Assad. Casi tres años, y más de 90,000 muertos según las Naciones Unidas: civiles, incluidos mujeres y niños que han sido masacrados sin piedad producto de una guerra civil que no tiene aguante y de un régimen sanguinario que no ha podido ser derrocado por los rebeldes, quienes necesitan apoyo.

El mundo pone la mirada en Estados Unidos porque la historia indica que lo adecuado sería intervenir. Pero de acuerdo a la última encuesta de NBC con el Wall Street Journal, solo el 15% de los estadounidenses encuestados estaría de acuerdo con una intervención militar en Siria, y tan solo el 11% de acuerdo con que se arme a la oposición.

Estados Unidos ha anunciado esta semana que se cree que el gobierno sirio ha usado armas químicas y que proveerá armas a los rebeldes. Para el presidente Barack Obama eso es cruzar la raya. Lo hará con “cautela”, han dicho. Teniendo en cuenta la precaria situación y la cantidad de gente que está sufriendo, ya es hora. Ojalá se involucre de una u otra manera no solo Estados Unidos, sino las potencias mundiales. Hoy día con la inteligencia militar se puede lograr mucho. Más de 90,000 muertos indican que la raya se ha pasado desde hace rato. Estados Unidos no quiere poner vidas norteamericanas en riesgo y con razón. Lo que viene será una ardua tarea. No olvidemos a las mujeres sirias y a sus hijos, las imágenes hablan por sí mismas, piden ayuda
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