Estados Unidos es un país gigante, con mucho para recorrer, mucho para conocer, mucho para ofrecer y mucho por arreglar. Sin duda, es una gran potencia con múltiples beneficios y oportunidades para sus habitantes pero con una crisis social silenciosa que va en ascenso y que poco sale a la luz. Lo triste es que en muchas ocasiones cuando sale a relucir es después, o debido a una catástrofe de algún tipo.

La violencia, o desastres naturales, o el terrorismo, acobardan lentamente a una sociedad acostumbrada a una tranquilidad que de cuando en vez es estremecida por eventos que dominan las noticias una semana y después quedan olvidados y son reemplazados por uno que otro escándalo político o la noticia de farándula del momento. Últimamente el país se ha estremecido con más frecuencia.

Hay muchas preguntas que quedan por responder cuando pensamos en una tragedia como por ejemplo el tiroteo de Sandy Hook, en el que murieron una veintena de niños y seis adultos en Newtown, Connecticut. O después de un ataque terrorista como el que ocurrió recientemente en Boston. O cuando sale a relucir una noticia de terror como lo es el caso del hombre de Cleveland que secuestró diez años a tres mujeres.

Por ejemplo, ¿de dónde sacan las armas los perpetradores de los crímenes, o por ejemplo, por dónde se le cuela a la inteligencia norteamericana un terrorista doméstico, o más allá de eso, cómo pudo un hombre tener a tres mujeres escondidas en una casa tanto tiempo y ni las autoridades ni el FBI darse cuenta? Cuántos locos, sociópatas o psicópatas hay sueltos por ahí y el por qué de un sistema de salud mental inefectivo.

Hoy día creeríamos que el Congreso de los Estados Unidos se encontraría sumamente ocupado discutiendo cómo evitar situaciones como estas, pero en muchos casos no es así. En el Congreso se encuentran ocupados resolviendo dónde recortan presupuestos para cubrir deudas, cuando de todas formas después de que suceden tragedias hay que gastar dinero en recursos tanto federales como en algunos casos estatales, para enmendar los daños. Es el típico caso del prevenir es mejor que lamentar que no se está aplicando en el país. ¿Por qué no regular las armas para que los criminales no las puedan portar y así evitar el costo de las tragedias a la sociedad? ¿Por qué no mejorar el sistema de salud para que las personas que necesitan asistencia mental tengan acceso a la misma?

La semana pasada tocó al país una gigantesca tragedia natural. Nueve niños murieron en una escuela que quedó literalmente aplastada por un gigantesco tornado que pasó por la zona de Moore, Oklahoma. Los tornados, a diferencia de los huracanes por ejemplo, no son predecibles. En Moore, las autoridades han dicho que hicieron lo mejor por emitir alertas a los ciudadanos de esa localidad que parece hoy día una zona de guerra. Es prematuro saber si en esa escuela que se cayó se hizo todo bien, ya irá saliendo más información. Pero ya están hablando de que cuando la construyan nuevamente lo harán de manera más fuerte y con un refugio para los estudiantes en caso de que venga un tornado nuevamente.

Me pregunto: ¿Por qué, por ejemplo, no mejorar la infraestructura de todas, no de algunas, sino de todas las escuelas de una zona que es azotada por tornados anualmente antes de que se caigan? ¡No después! Esta misma pregunta la podríamos aplicar a muchas, pero muchas cosas que en Estados Unidos se están cayendo mientras nuestros gobernantes siguen peleándose por ideales de la era de Matusalén.

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