Epidemia de violaciones a mujeres en el ejército

Recibí esta semana un informe de Ultraviolet, una entidad sin ánimo de lucro, que aboga por los derechos de la igualdad para ambos sexos, que asegura basado en datos factuales y denuncias periodísticas que una mujer en la milicia norteamericana tiene 180 posibilidades más de ser violada por uno de sus colegas, que de morir en combate. Y parece que el problema está lejos de acabarse ahora que más mujeres tendrán la posibilidad de recibir igualdad de derechos y beneficios. ¿Será que con todo y los avances generacionales todavía el machismo prevalece en este tipo de trabajos que han sido considerados durante la historia solo para hombres?

¿O será que hay un factor sicológico muy podrido entre algunos hombres que trabajan en el ejército?

Recientemente un encargado de las Fuerzas Aéreas que estuvo al frente de la sección de prevención de acoso sexual, ¡fue acusado de asalto sexual! Es difícil confiar de esa manera. El Pentágono ha publicado cifras que muestran que en el año 2012 los asaltos sexuales subieron más del 30% el año pasado. Un incremento demasiado alto. Un crimen muy doloroso para cualquier mujer.
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Muchas mujeres temen denunciar las violaciones o el acoso para evitar discriminación laboral, otras por miedo a perder sus trabajos, otras por pura vergüenza, algunas por orgullo. A veces pasa que cuando una mujer denuncia el crimen el perpetuador del mismo no recibe el peso de la justicia. Esto a mi criterio es inaceptable ya que cuando una mujer se arma de valor para denunciar una violación o acoso, que en algunos de los casos pudiese haber sido llevada a cabo por un superior o colega, debe ser atendida y tratada acorde.

Y más aún, el criminal debe pagar por ese crimen. ¿Acaso la milicia norteamericana no tiene presuntamente los mejores hombres y mujeres sirviéndole al país? Así que como los acosadores o violadores no son la mayoría deberían ser expulsados y juzgados. Según la organización no partidista Not Invisible, menos del 5% de las violaciones militares son procesadas. Tan solo en el 2012 se estima que 26,000 mujeres que servían fueron asaltadas sexualmente. Cifras vergonzosas que han llevado a organizaciones como Ultraviolet a tildar al ejército norteamericano de incapaz de abarcar el problema.

Este año el ex secretario de Defensa de Estados Unidos, Leon Panetta, anunció en enero que, después de una adaptación, entrenamiento y ajuste, las mujeres podrán tener los mismos derechos de los hombres para estar en el campo de batalla en caso de que se necesite.

No es que en el ejército no haya un sistema organizacional para evitar el asalto sexual o para procesar los casos. Lo hay, pero las alarmantes cifras denuncian por sí solas que en realidad el sistema no está funcionando. Probablemente también por esto muchas mujeres prefieren sufrir en silencio. Seguramente si se sintieran protegidas denunciarían las atrocidades que muchas de ellas han tenido que vivir mientras daban la vida por su país y servían con la misma energía y derecho que los hombres.