Esta semana en una entrevista que tuvimos con el senador Marco Rubio tuve la oportunidad de preguntarle su opinión acerca de que la Iglesia Católica de Estados Unidos no hubiera aprobado el presupuesto que Paul Ryan presentó durante la pasada legislatura y la preocupación que el país bajo la gobernación de Mitt Romney y Ryan tomara ese camino. Me respondió que la Iglesia Católica estaba equivocada. Más adelante les explico por qué.

Numerosos miembros de la Iglesia Católica enviaron un comunicado de prensa que publicaron diferentes medios en abril pasado. La organización Faith in Public Life publica de la siguiente manera un extracto: “En pocas palabras, el presupuesto de Ryan es moralmente indefendible y traiciona los principios católicos de la solidaridad, la fiscalidad justa y un compromiso con el bien común. Un presupuesto que da la espalda a los hambrientos, los ancianos y los enfermos, mientras que da más recortes de impuestos a los más ricos, no puede justificarse en términos cristianos”.

La razón del senador Rubio para explicar que la Iglesia Católica estuviera equivocada era que si la Iglesia Católica gastara más de lo que gana, haría lo mismo en cuanto a recortar sus gastos. Una explicación bastante pobre si tenemos en cuenta que él está hablando como senador del país que más dinero tiene en todo el mundo, un país que se ha forjado no solamente por su capitalismo sino también por tener bases tan idóneas para el desarrollo adecuado de una población como el seguro social, el sistema de salud para ancianos, la educación pública como derecho fundamental para todos y las oportunidades.    

    A partir de este análisis del senador Rubio, supongo entonces que la banca, cuando fue rescatada, y el sistema financiero desregulado, que tanto daño hizo, debieron dejar de gastar más de lo que ganaban, sin recibir ningún tipo de ayuda ni gubernamental ni privada (no a las deudas). Aseguran economistas que la banca hubiera quebrado, lo cual hubiera sido catastrófico para la economía mundial.

Supongo también que una sociedad como la estadounidense, que en los últimos 20 años floreció con deudas mas no ahorros para las familias pobres y de clase media (muchos deben la casa, el carro, los muebles, la ropa, los estudios superiores, la atención médica y hasta las operaciones dentales y estéticas), bajo un presupuesto como el de Romney-Ryan deberá aplicar la misma fórmula: no gastar más de lo que ganan.

Esto probablemente quiere decir que bajo la administración Romney-Ryan, cuando usted, un señor mayor de 65 años, deba completar el pago médico que no cubra su Medicare, o usted, una madre soltera, no pueda trabajar porque lo que gana no le alcanza para pagar el prekinder de su hijo y deba quedarse en casa, o usted, un empleado de la clase media, no reciba su rembolso de impuestos, ese con el que se iba de vacaciones, o a usted, señora, no le alcance para comprar la comida del mes porque hoy día la comida cuesta más que lo que suben sus salarios, o no tenga para pagar su carro, no se preocupe: seguramente para que su economía mejore deberá gastar menos de lo que gane, y de paso recibir menos de lo que el sueño americano le prometió.