Cada vez que me entero de que se están rechazando fondos federales que pudieran hacerle bien a la Florida, me sorprendo (con todo y que últimamente es noticia habitual). Sin embargo, no deja de sorprenderme por la magnitud de las crisis de vida que vemos en nuestro estado. Millones de familias que no pueden en muchos casos comprarse un par de zapatos o comer carne y verduras de cena, sin acceso a la salud y recibiendo una educación mediocre. Así mismo me sorprendo cuando veo que se está trabajando en un presupuesto estatal que le subiría, de ser aprobado, un 8% al costo de la educación superior, y que quita fondos para la salud pública, con la excusa de balancear el presupuesto de la educación pública, pero que al mismo tiempo le da fondos a las escuelas chárter que son operadas de manera privada. Parece un trabalenguas complicado, pero no lo es, es la manera en la que están administrando nuestro dinero (nuestros impuestos).

La representante estatal Mia Jones lo explica de la siguiente manera: “La Florida está en el puesto número 48 en la lista de estados que reciben subvenciones federales”, esto de acuerdo a un informe publicado en Florida Tax Watch. Y para mí está muy claro: por el tamaño y la población de la Florida, que paga una cantidad de impuestos acorde, esto no tendría ninguna otra lógica que el rechazo de recibir dichos fondos para apretar y privatizar muchos servicios y lucrar. Es más, el cálculo muestra que la Florida habría recibido unos $3.2 billones que han sido rechazados de acuerdo a TaxWatch. Me pregunto cómo podrían ayudar estos billones a un presupuesto.

Si dijéramos que la Florida no necesita ayuda federal por la calidad de vida, la cantidad de empleos y el excelente sistema educativo, podría entenderse que no se reciban fondos, pero la Florida tiene ¡más de 1 millón de personas sin seguro médico, y en el caso de la educación, según la información del gobierno publicada en septiembre del 2011, la Florida está en el número 45 en graduaciones. De acuerdo con el Florida Center for Fiscal and Economic Policy, estamos por debajo de la media nacional en el porcentaje de adultos jóvenes con un título universitario o matriculados en una universidad.    

    Bajo la gobernación de Rick Scott se han rechazado fondos para la salud, fondos para el transporte, y ahora, fondos para la educación. Y algunos legisladores actuales siguen la misma línea mientras analizan el presupuesto, pensando en bajar impuestos para atraer inversión para el estado, sin darse cuenta que si los pobres se hacen más pobres, el costo social es altísimo. En el caso de los fondos federales, vienen en subvenciones, que de acuerdo a los impuestos que pagamos en el estado, nos pertenecen. Y que otros estados felices de su existencia, los adoptan automáticamente para mejorar la calidad de vida de su gente menos afortunada.

Manejar un estado no es manejar un negocio, y ni el más exitoso empresario podrá generar un ambiente empresarial próspero, en un lugar en el que la pobreza predomine y sin que esto genere un costo altísimo al contribuyente.