Columna dominical de Pedro Caviedes

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PEDRO CAVIEDES: La ignorancia

Pedro Caviedes

Pedro Caviedes

Ferrari, Rolls Royce, BMW, Mercedes Benz, Fiat, Volvo, Rolex, Audi, Armani, Chanel, Airbus, Citroën, Banco BBVA, Banco Santander, Volkswagen, Nokia, British Airways, L’oreal, BP, Siemens, Carrefour, Telefónica, Gucci, Dolce & Gabbana, el Grupo Planeta, la Cadena Ser, equipos deportivos como el Barcelona Fútbol Club, el AC de Milán, el Real Madrid, la Juventus y el Manchester United, nutridos de jóvenes futbolistas de todo el orbe y que recogen más audiencia cuando se enfrentan en un ‘clásico’ o en la final de la Champions que el Super Bowl, las carreras y los equipos de Fórmula 1, casinos como el de Montecarlo, lugares de recreo y esparcimiento como la Costa Azul, ciudades repletas de museos con obras de arte sublimes, teatros, óperas, escritores, poetas y artistas como Javier Marías, Albert Camus, Milan Kundera, Doris Lessing, Virginia Wolf, Balzac, Dalí, Picasso, Dickens, García Lorca, Rembrandt, filósofos como Isaiah Berlin o José Ortega y Gasset, por no mencionar a Nietzsche, Kant, Descartes, y todos los nacidos en ese triángulo de pensamiento que abarca Londres, París y Berlín, más los clásicos de la cuna de la democracia que fue Grecia y la cuna del derecho que fue Roma, las sinfonías, el festival de cine de Cannes, de Venecia, ¡Harry Potter!, ¡El Señor de los Anillos!, ¡La Trilogía Millenium!, ¡Albert Einstein!, los vinos de Francia, Italia, España, la cocina francesa, la italiana, la española, los quesos suizos, la cerveza alemana y holandesa, los bancos suizos, la industria farmacéutica alemana, la agricultura francesa y la inglesa, los whiskys escoceses, el cine español y el italiano, todos esos elementos (me quedo corto) de exportación y admiración mundial, insignias de la libertad, la democracia y el capitalismo, sumado a que al menos en los últimos cincuenta años todos los líderes de Estados Unidos la han llamado (y ha sido) su mejor aliada, compañeros en armas y principales socios comerciales, más que juntos son el segundo mayor PIB del mundo, reducidos a “una sociedad de servicios públicos obligatorios” por el candidato republicano Mitt Romney.

“Obama quiere europeizarnos”, gritan, y los presentes saltan abucheando como si el presidente quisiera sumergir a la nación en el último círculo del infierno de Dante.

Qué Divina Comedia. Lo que en realidad debe causar admiración, en un sistema que ha conseguido crear empresas impresionantemente prósperas sin sacrificar la salud y la buena educación y cultura de sus miembros, para el más probable candidato a ganar las primarias del Partido Republicano, y para todos sus contrincantes, es una pesadilla.

Pero qué no será una pesadilla bajo los parámetros de una moral que engaña a las personas haciéndoles creer que la única forma de crear empleo es inundando de petróleo al país y construyendo ‘mágicos’ casinos, porque arreglar las instalaciones de un colegio público que se está cayendo o contratar nuevos profesores o reparar un puente que también se está cayendo o mejorar la infraestructura de Internet en muchas zonas rurales y salvar el trabajo de aquellos bomberos, policías y paramédicos que en las emergencias llamamos héroes, según ellos lo que genera es gasto. Yo me pregunto: ¿qué será más costoso (o provechoso) para una nación, familias arruinadas y destrozadas con el vicio maldito de un padre o de un hijo, o niños mejor educados? ¿Ciudades sin contaminación o ciudadanos con los pulmones enfermos de tanto tragar humo?

Si un sistema ha logrado mantener la libertad de sus ciudadanos, entregándoles la opción de un seguro de salud pública, sin que suceda el falso eslogan de los paneles de muerte (entre otra catarata de mentiras), si un sistema ha logrado mantener la calidad de la educación pública, conservando la movilidad social en niveles más altos que Estados Unidos, al tiempo que cuentan con una pujante empresa privada y una prensa libre, ¿no será, en lugar de una pesadilla, la prueba fehaciente de que el discurso del Partido Republicano es una profunda mentira ingeniada para obligar a los habitantes de esta nación a que se dobleguen ante las billeteras de las corporaciones, por las que ellos hace tanto tiempo se doblegaron?

¿O será una prueba fehaciente de la inaceptable ignorancia de unos pseudo líderes que parecen sacados de La rebelión de las masas de Ortega y Gasset, un español, o fervientes seguidores de un italiano, Nicolás de Maquiavelo?

O de los Simpson.

Ustedes escojan

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