Los republicanos y la comida sana

Es un hecho que los niños americanos presentan cifras de obesidad bastante altas, lo dice la primera dama de la nación, Michelle Obama, en su bien documentada campaña para mejorar la comida que se consume tanto en los hogares, como en las escuelas y restaurantes del país, y lo dice la Asociación de Obesidad de Estados Unidos, que informa que más del 17% de los niños son obesos.

Una de las razones es la calidad de la comida de las escuelas y por eso me he llevado una gigantesca sorpresa del tamaño de una hamburguesa triple llena de grasa cuando leí esta semana que los republicanos de la Cámara de Representantes quieren revocar los esfuerzos de la administración Obama de promover almuerzos sanos, diciendo que el Departamento de Agricultura (FDA) debe reescribir las reglas que ya sacó en enero, que fueron estipuladas para que las escuelas mejoren la calidad de la comida. Afirman que mejorar la calidad de las comidas es muy costoso. Es lo más absurdo que he escuchado en mucho tiempo.

Aquí sí se pasaron. ¿Ya no quieren solo recortar en la educación que nuestros jóvenes reciben sino también en lo que se come? Recuerdo la historia de Francisco, un pequeño argentino de seis años que llegó a una escuela pública de Miami- Dade y después de almorzar casi una semana en el plantel, le preguntó a su madre cuándo le darían carne. Porque “madre, la carne no parece carne, y el pollo no parece pollo, pero es divertido… todos los jueves es el día de la pizza”, afirmó el nene. Han pasado tres años de esta historia y Francisco hoy continúa asistiendo a las escuelas públicas, toma almuerzo gratis porque su madre no tiene los medios para brindarle más, y está muy pasado de peso y con problemas de salud, estuvo en terapia un tiempo. (Ya no puede recibir terapia para la obesidad porque la escuela no tiene terapista).

En Estados Unidos he visto en restaurantes de comida rápida nuggets de pollo que no parecen pollo, ya que no tienen esas tiernas tiritas que se le ve a una pechuga de pollo natural; los he visto en almuerzos escolares donde los pollitos son más bien esponjosos. Ni hablar del valor de un tomate, aquí cuesta más de 2 dólares una libra pero una hamburguesa se consigue en 99 centavos. Y los jugos de fruta no son naturales y están llenos de azúcar. Hay que andar varias millas para conseguir un verdadero jugo de fruta natural. ¡Ni siquiera en la Florida, la tierra de las naranjas! Pero para un grupo de gobernantes nada de esto importa ya que sale muy costoso mejorar la calidad de los alimentos.

Pero esta situación kafkiana es más absurda todavía: los republicanos también se oponen a que se muestre el número de calorías en las etiquetas de algunos alimentos, a que se investigue si la comida es realmente sana o tiene lo que dice, si los pollos están criados con hormonas, o si las vacas comen maíz en vez de hierba porque es más barato. Y están en contra de suprimir los anuncios de comida chatarra en ciertos horarios.

En el presupuesto federal los republicanos han cortado 10% del programa para educar y alimentar a madres y niños y casi el 12% del presupuesto del FDA. Además de argumentar que es costoso estar pendientes de lo que los ciudadanos comen o no comen (absurdo), también dicen que el gobierno no debe involucrarse y regular la calidad de las comidas si en casa no se hace, que si los niños ven violencia y sexo en la televisión, qué importa que vean comerciales de comida chatarra, y que la responsabilidad de los niños la tienen los padres en la casa, y no en las escuelas. Debería estar en ambas, ¿no? Con esa política, ¿con qué tranquilidad envía un padre a una escuela pública a su hijo si de pronto come algo que lo intoxica y nadie le responde por eso?

Para los republicanos es una opción de los ciudadanos enviar a los niños a escuelas públicas, pero más del 80% de los ciudadanos no pueden pagar una escuela privada. ¿Dónde está la realidad en las opciones que la política republicana le da a la gente? De hoy en adelante, como siempre en esta gran nación, si podemos pagarlo, podremos seguir eligiendo que comer, una hamburguesa con carne de dudosa reputación o una carne “orgánica”, como le llaman ahora a lo natural, de una vaca que estaremos seguros que no tendrá una bacteria.

Eso sí, que sigan viniendo las cadenas de comida rápida a nuestras ciudades, porque aquí lo que de verdad no sale caro es recortarles los impuestos a las grandes empresas privadas, y en eso los ciudadanos no tenemos opción.

@sabinacovo